Los legisladores, salvo enfermedad o razones de fuerza mayor, deberían cumplir con su trabajo de participar en el debate del Congreso
Mientras la Cámara de Diputados de la Nación debatía, durante casi doce horas, una reforma clave vinculada a la Ley de Glaciares, el diputado nacional tucumano Pablo Yedlin (Unión por la Patria/Kirchnerismo) optó por el silencio, la ausencia y la nada misma: no participó activamente de la discusión ni emitió su voto en una sesión donde cada banca contaba.
Resulta llamativa la ausencia de Yedlin en un debate de semejante relevancia parlamentaria, sobre todo cuando su posición política parecía cantada: muy probablemente habría acompañado el rechazo de toda la bancada kirchnerista. Pero ni siquiera estuvo para eso.
¿Qué pasó con el diputado tucumano?
¿Tuvo algo más importante que hacer que cumplir con su trabajo?
¿Perdió el avión?
¿O acaso, camino al Congreso, se congeló con la ley que se debatía?
La pregunta no es menor. Los diputados nacionales son elegidos para representar a sus provincias en el Congreso, no para ausentarse cuando hay sesiones importantes. Mucho menos cuando el calendario legislativo dista de ser agotador: la Cámara sesiona apenas una o dos veces por mes, y ni siquiera todas las semanas.
Más aún cuando se trata de un dirigente que, en los últimos tiempos, parece estar más concentrado en la interna política tucumana que en su tarea legislativa. Convertido ya en un opositor abierto al gobernador Osvaldo Jaldo, pese a compartir formalmente el mismo signo político.
La ausencia alimenta además otra discusión de fondo: la de la responsabilidad de los funcionarios públicos. Porque los legisladores no son comentaristas de la realidad ni militantes rentados; son empleados públicos con obligaciones concretas, y entre ellas está la de asistir, debatir y votar. Para eso perciben salarios que pagan todos los argentinos.
En rigor, tampoco puede decirse que el aporte parlamentario de Yedlin haya sido particularmente trascendente. Su perfil legislativo se ha caracterizado, hasta ahora, por una oposición cerrada y sistemática a cada iniciativa del Gobierno Nacional, sin mayores matices ni vocación de construcción. Una postura que contrasta incluso con la del propio Jaldo, quien al menos ha mostrado mayor pragmatismo y sentido político frente a la Casa Rosada.
Por eso, la ausencia de Yedlin no pasa inadvertida. Porque cuando un diputado falta en una sesión importante, no solo deja vacía una banca: deja sin representación a miles de tucumanos.
Esperemos que el legislador haya tenido una explicación seria para ausentarse de la sesión de este miércoles. De lo contrario, habrá que concluir que, efectivamente, Pablo Yedlin se congeló cuando más debía estar presente.
