Tras quedar en la mira por su gestión, el ex intendente de San Miguel de Tucumán reconfigura su juego político: se aferra a Jaldo, endurece su discurso y apunta sin rodeos contra Chahla en medio de la interna peronista. “El peronismo ganará la capital si Rossana Chahla no es candidata”, lanzó
Por SIN CODIGO
En política no hay exilios eternos, sólo reacomodamientos. Y Germán Alfaro parece haber entendido esa regla mejor que nadie. El mismo dirigente que supo ser un peronista desplazado, que armó su propio espacio -Partido de la Justicia Social- y se abrazó a Cambiemos, hoy se muestra como un jaldista convencido. ¿Convicción o conveniencia? La pregunta queda flotando.
El giro no pasa desapercibido. Sobre todo porque llega en un contexto sensible: la gestión de Rossana Chahla inició auditorías sobre la administración anterior -la de Alfaro-, con foco en una presunta malversación millonaria. En ese escenario, casi en simultáneo, el ex intendente capitalino decidió acercarse al gobernador Osvaldo Jaldo y ofrecerle respaldo político total.
No fue un movimiento menor. Alfaro puso a disposición su estructura —el debilitado Partido por la Justicia Social— y también alineó a su esposa, la senadora Beatriz Ávila, quien pasó en pocos meses de coquetear con el armado libertario y Patricia Bullrich a convertirse en una férrea defensora del oficialismo provincial en el Congreso.
Sin cargo, pero con micrófono, Alfaro eligió otro rol: el de operador político. Se mantiene fuera de la gestión, lejos del desgaste cotidiano, pero cada vez que puede habla. Y cuando habla, el blanco es uno: Chahla.
Las críticas no son sutiles. Ni nuevas. Pero sí cada vez más frecuentes y más duras. Alfaro no sólo cuestiona su gestión, sino que la ubica como un problema político dentro y fuera del peronismo. Y va más allá: condiciona el futuro electoral de la capital.
“Capital va a ser de Tucumán Primero (peronismo) si Chahla no es candidata”, lanzó sin rodeos en un streaming local. No fue lo único. También, apuntó a la relación con el gobernador: “No puede estar peleándole y desafiándolo continuamente”. Un mensaje directo, sin intermediarios.
El trasfondo es claro: la interna entre Jaldo y Chahla ya no se disimula. Y Alfaro eligió bando.
El ex intendente también dejó en claro que no piensa retirarse. “Voy a participar en las elecciones del 2027, no sé desde qué lugar”, advirtió. Y completó el cuadro con una definición política contundente: “Voy a trabajar para la reelección de Jaldo”.
Así, Alfaro se reposiciona. Pasa de opositor a aliado. De desterrado a soldado. De intendente cuestionado a actor clave en la disputa que se viene.
La duda es inevitable: ¿habla desde la convicción o desde la necesidad? ¿Es estrategia, es revancha o es ambas cosas?
En Tucumán, donde la política rara vez es lineal, la respuesta probablemente no sea una sola.
