A 20 años del crimen de Paulina Lebbos en Tucumán: el grito de JUSTICIA que no se apaga

Dos décadas después, la herida sigue abierta. No solo para su familia, sino para una sociedad que todavía se pregunta cómo fue posible tanta impunidad

Por SIN CODIGO

Se cumplen 20 años del asesinato de Paulina Lebbos, uno de los crímenes más dolorosos y emblemáticos en la historia reciente de Tucumán.

Pero si hay una figura que encarna la memoria y la lucha incansable, es la de su padre, Alberto Lebbos. Desde aquel 26 de febrero de 2006, cuando su hija fue vista por última vez, su vida cambió para siempre. Desde entonces, su voz no se apagó. Se convirtió en símbolo de resistencia frente al silencio, la complicidad y el encubrimiento.

“Hace 20 años que sé quién mató a mi hija y el Estado lo protege”, repite con dolor y firmeza. No es solo una frase. Es una acusación directa que atraviesa gobiernos, funcionarios y estructuras de poder.

Un crimen que marcó a Tucumán

El caso Lebbos no fue un hecho policial más. Fue un punto de quiebre. La desaparición y posterior hallazgo del cuerpo de Paulina expusieron una trama de irregularidades, demoras y presuntas maniobras de encubrimiento que durante años alimentaron la sospecha social.

Con el tiempo hubo juicios y condenas por encubrimiento, pero para Alberto Lebbos la herida no cierra. Él sostiene que los responsables materiales e intelectuales del asesinato no han sido juzgados como corresponde.

Durante estos 20 años marchó, denunció, golpeó puertas, habló con la prensa y enfrentó al poder político sin medir consecuencias. Se transformó en la cara visible de una pelea desigual contra un sistema que, según denuncia, protegió a los responsables.

El dolor que se volvió bandera

La lucha de Alberto no es solo la de un padre. Es también la de muchas familias que encontraron en su perseverancia una referencia. En una provincia donde la desconfianza hacia las instituciones muchas veces supera la esperanza, su reclamo se convirtió en un símbolo.

Veinte años después, el pedido es el mismo: Justicia completa. Justicia sin atajos. Justicia sin pactos. Justicia sin protección política.

El paso del tiempo no alivió el dolor. Lo volvió más profundo, más crudo, pero también más firme. Alberto Lebbos no habla desde el rencor; habla desde la convicción de que sin Verdad no hay Paz, y sin Justicia no hay democracia plena.

Una herida abierta

A dos décadas del crimen, Tucumán no solo recuerda a Paulina Lebbos. También se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿puede una sociedad cerrar una herida cuando un padre sigue denunciando que los responsables están protegidos?

El aniversario no es solo una fecha. Es un recordatorio. De la fragilidad de las instituciones. De la necesidad de transparencia. Y del coraje de un hombre que, aun cargando el dolor más insoportable, nunca dejó de exigir lo que considera un derecho básico: saber la verdad y que los culpables paguen.

Veinte años después, el grito sigue siendo el mismo: Justicia por Paulina.

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