En las últimas semanas, una nueva forma de expresión identitaria comenzó a ganar visibilidad en Argentina y otros países: jóvenes que se autoperciben como animales no humanos, conocidos como therians
Por SIN CODIGO
El fenómeno, que ya circula intensamente en redes sociales y repercute más allá de Internet, plantea interrogantes sobre identidad, cultura juvenil y salud mental.
Una mujer denunció que su hija, de 14 años, fue atacada por un grupo de jóvenes que se identifican como “therians”, en la ciudad de Jesús María, Córdoba. Según su testimonio, la adolescente fue rodeada por entre tres y cuatro personas que comenzaron a olfatearla y perseguirla hasta que una de ellas la mordió en la pierna.
El hecho habría ocurrido en las inmediaciones del Colegio Domingo Faustino Sarmiento, sobre calle Córdoba, cuando la menor salía del establecimiento educativo. En declaraciones a la radio Somos el Norte, la madre relató que los agresores utilizaban máscaras de lobos y perros.
“Ella pensó que era una broma. Le empezaron a olfatear y a corretear. Se reía al principio, pero dejó de parecerle un juego cuando le mordieron la pierna. Ahí intentó defenderse y salió corriendo”, explicó la mujer.
La madre señaló que su hija no le contó lo sucedido de inmediato y que recién se animó a hablar tras ver en redes sociales y medios de comunicación información sobre la tendencia “therian”.
Sin embargo, fuentes policiales de Córdoba indicaron que hasta el momento no se radicó ninguna denuncia formal por el hecho.
Qué son los therians y de dónde surge esta identificación
El término therian proviene de therianthropy, una palabra que agrupa experiencias en las que una persona siente una conexión profunda e interna con un animal no humano. A diferencia de quienes simplemente disfrutan de disfraces o juegos, los therians describen esa vivencia como parte de su identidad psicológica o espiritual.
Aunque la idea de vincularse con animales tiene raíces antiguas en mitos y leyendas, el uso contemporáneo del término y la formación de comunidades surgieron con fuerza en los años 90 en foros de Internet y se expandieron rápidamente con redes sociales como TikTok, Instagram y grupos online, donde jóvenes comparten experiencias y se conectan con otros que sienten lo mismo. 
Es importante diferenciar a los therians de los furries: mientras estos últimos forman parte de un fandom artístico y recreativo con trajes y personajes (fursonas), los therians sostienen una identificación interna más allá de lo estético, aunque no niegan su condición humana ni buscan derechos legales como si fueran animales. 
Expansión del fenómeno: de redes a espacios públicos
En países como Estados Unidos, varias naciones europeas y en América Latina, jóvenes han empezado a compartir contenidos y organizar encuentros donde expresan sus identidades therian en plazas o parques.
En Argentina, la tendencia empezó a notarse con mayor fuerza en redes sociales, viralizando videos de personas con orejas, colas o máscaras que imitan movimientos de animales. Algunos participantes explican que esta forma de identidad forma parte de cómo se sienten interiormente, más allá de una simple moda pasajera. 
¿Moda pasajera, identidad legítima o problema psicológico?
La aparición y difusión de los therians ha generado diversidad de interpretaciones:
• Redes sociales y cultura juvenil: Parte del fenómeno puede entenderse como una expresión identitaria impulsada por plataformas digitales que permiten la visibilidad y conexión entre jóvenes con experiencias similares. Desde esta óptica, compartir y explorar una identidad alternativa no sería necesariamente un trastorno, sino una forma de pertenencia social en la era digital.
• Identidad individual: Para muchos therians, esta forma de identificarse no es una elección ni una moda, sino una vivencia interna que sienten desde hace años, e incluso describen experiencias sensoriales o emocionales consistentes con su percepción animal.
• Salud mental y seguridad: Otros especialistas y observadores advierten sobre posibles riesgos de confundir vivencias subjetivas con conductas que puedan poner en peligro a terceros, especialmente cuando la expresión del fenómeno se traslada a espacios públicos y afecta a personas que no forman parte de esta comunidad. El caso en Córdoba reavivó este debate sobre los límites entre la expresión personal y la seguridad de la comunidad.
Hacia dónde va esta identidad emergente
Aunque no hay consenso entre expertos de que el therianismo sea un trastorno psiquiátrico en sí mismo, su crecimiento plantea preguntas sobre cómo las sociedades modernas entienden y reconocen nuevas formas de identidad fuera de los esquemas tradicionales. Lo que para unos puede ser una forma legítima de autoexpresión, para otros puede resultar incomprensible o incluso preocupante.
El fenómeno también subraya cómo las redes sociales influyen en qué temas se vuelven visibles y cómo ciertas prácticas, antes marginadas o desconocidas, pueden convertirse en tendencia en cuestión de semanas.
En un contexto donde la identidad —de género, cultural o personal— se redefine constantemente, la aparición de comunidades como los therians obliga a repensar ¿Qué significan las fronteras entre lo humano y lo animal en el Siglo XXI? y cómo equilibrar la libertad individual con la seguridad y el bienestar colectivo.
