El Gobernador asumirá al frente del PJ bonaerense tras un acuerdo con el kirchnerismo. Con críticas internas pero con mayor apoyo, gana poder al mismo tiempo que lo pierde la Cristina K
El desembarco de Axel Kicillof al frente del PJ Bonaerense es un hecho. En la noche de este viernes se cerró un acuerdo de cúpulas para que el Gobernador reemplace a Máximo Kirchner en la silla presidencial del partido. Lo que resta definir durante este sábado son los consejeros. La vicepresidencia primera será para Verónica Magario, la compañera de fórmula del Gobernador. La repartija marcará los vencedores y vencidos de la negociación justicialista.
Kicillof se decidió a aceptar la presidencia del partido. Después de decir que no, terminó cambiando de idea tras la propuesta de Kirchner, quien ejecutó una jugada de presión que le terminó saliendo tal cual como la pensó. Salvó por el desembarco de la matancera en la vicepresidencia del partido.
Para el Gobernador es un salto arriesgado el que decidido dar. Porque tendrá que soportar una lluvia de interpretaciones políticas sobre el cambio de rumbo que pretende tomar. El porcentaje de lugares que queden a su nombre en el partido y la importancia de esos puestos, serán importantes para la presentación en sociedad de la renovación de autoridades. Esa puesta en escena será una muestra de qué tan fortalecido quedó el mandatario provincial en esta nueva negociación política con sus enemigos íntimos.
Kicillof trabaja en el fortalecimiento de su liderazgo. Lo hace con un estilo que pone muy ansiosos, y fastidiosos, a algunos intendentes que lo siguen. Son aquellos que esperan resoluciones más rápidas y concretas. Menos deliberación y más conducción vertical. Lo cierto es que el Gobernador tiene un estilo determinado, diferente al de los caciques del conurbano, y, hasta aquí, ha dado pasos hacia adelante. Más rápido o más lento, pero casi siempre para adelante. Cada uno con su librito.
