El viento, el calor y la sequía son los principales enemigos de los brigadistas, que luchan día y noche para tratar de detener el incendio
La provincia de Chubut estuvo todo el mes de enero bajo fuego. Los dos incendios que afectan territorio provincial y el Parque Nacional Los Alerces avanzan sin control en dirección a poblaciones y zonas rurales, luego de arrasar con toda la vegetación que por delante. Tras una ventana climática incipiente y una precipitación irrelevante, se esperan días con temperaturas por encima de los 30 grados. Los dos incendios arrasaron con unas 45 mil hectáreas.
El panorama es incierto. “Si no llueve pronto, difícilmente podamos detener los incendios”, dijeron a Infobae desde el Servicio Provincial de Incendios de Chubut.
Los pronósticos meteorológicos coinciden en que se esperan varias jornadas de temperaturas elevadas, con registros superiores a los 30 grados y viento constante.
Este miércoles los medios aéreos no pudieron operar de forma completa por las condiciones del ambiente, como la escasa visibilidad. El objetivo de los brigadistas es resguardar espacios productivos, viviendas particulares y ganado en pie.
Las condiciones meteorológicas son cruciales para la lucha contra el fuego. La región afectada por el fuego se caracteriza por vientos fuentes y constantes, con ráfagas que alcanzan y superan – en ocasiones- los 50 kilómetros por hora.
La sequía registra índices históricos, tanto por lluvias escasas como por la ausencia de nevadas en invierno. “La tierra es un polvorín, cuando algo arde es casi imposible detenerlo”, sostienen los especialistas.
Los bosques implantados por productores forestales son otro factor determinante. “Existen algunos tipos de pino que alimentan el fuego de manera sorprendente”, aseguran. Mencionaron incluso que las piñas de los pinos actúan como agentes aceleradores, aumentando la severidad del fuego y facilitando su propagación.
Al calentarse, las piñas pueden estallar y dispersar semillas a grandes distancias. Además, los pinos exóticos generan más combustible y, tras el fuego, sus semillas germinan con éxito del 90%, creciendo cuatro veces más rápido que las especies nativas, lo que perpetúa un ciclo de incendios más voraces.
Con información de Francisco Poppe
