El 28 de enero de 1986, en su décima misión, el transbordador explotó a 73 segundos de su lanzamiento. Por primera vez, una maestra formaba parte de la tripulación y todos sus alumnos la vieron morir por TV
Una fiesta con muchos niños invitados se convirtió en una tragedia televisada. Una maestra, astronautas, un Premio Nobel, el poder político, la NASA. Todos los ingredientes para una buena historia que tuvo también manipulaciones, intereses solapados, presiones, una búsqueda pertinaz de ocultar la verdad, de no llegar al fondo de la cuestión.
Era el 28 de enero de 1986. El Challenger, el transbordador espacial, tendría un nuevo lanzamiento. El décimo. Había curiosos, cámaras de televisión, muchos niños. Por primera vez viajaría una maestra al espacio y desde allí daría un par de clases televisadas: clases espaciales. Un buen gancho para volver a llamar la atención sobre las actividades de la NASA, que de a poco habían dejado de ser seguidas con interés; habían ingresado en una zona de intrascendencia mediática.

La atención de todos, finalmente, estuvo sobre el Challenger pero por los motivos equivocados: el desastre convoca.
73 segundos después del lanzamiento, la nave espacial se desintegró en el aire. En el zigzagueo desaforado de las estelas de la destrucción que se tatuaron en el cielo, hubo más que una misión fallida, o el retraso de la carrera espacial. El drama de la muerte. Siete vidas, siete familias destruidas.
Unas pocas horas después, gran parte de la población del mundo había visto las imágenes del desastre.
La misión tenía pautado el lanzamiento para el 22 de enero, pero fue suspendido por inconvenientes técnicos. La fecha se corrió al 28 de enero de 1986. El programa de lanzamientos de ese año era ambicioso. Debía cumplirse con las misiones en fecha. Había otro ingrediente muy relevante para que el poder político presionara para que la segunda fecha no se pospusiera: esa noche Ronald Reagan brindaría su tradicional Discurso a la Nación y en el medio de su alocución se conectaría con el Challenger y mantendría un diálogo con los tripulantes y en especial con Christa, la maestra. Debido al desastre, el Discurso se suspendió por primera vez en la historia. El presidente sólo grabó un mensaje de pesar y homenajeó a los astronautas muertos.
La noche anterior al lanzamiento hizo mucho frío en Florida. Varios ingenieros sugirieron que se volviera a suspender el lanzamiento, que se esperara a condiciones naturales más benignas. Que el congelamiento durante la noche de algunas partes de los cohetes propulsores podían significar un peligro. Ahora se sabe que hubo reuniones y discusiones hasta bien entrada la noche del 27 de enero. Pero se impuso la voluntad política de cumplir con el cronograma pautado. Se asumieron riesgos para satisfacer intereses políticos.
