La influencia del diseñador no solo marcó tendencia con sus creaciones, sino que redefinió la cultura pop y el jet set global a través de amistades legendarias con estrellas del cine y la música
La noticia de la muerte de Valentino Garavani sacudió, este lunes, al mundo de la moda italiana. El diseñador falleció en su residencia de Roma, acompañado de sus seres queridos. Tenía 93 años.
En homenaje al aclamado diseñador, su cuerpo será velado en PM23 en Piazza Mignanelli 23, los días miércoles y jueves, en horario de 11 a 18 horas. El funeral se celebrará el viernes en la Basílica Santa Maria degli Angeli e dei Martiri, ubicada en Piazza della Repubblica 8, a las 11 horas.
El impacto de la muerte de Garavani resultó inmediato. Aunque se retiró formalmente del sector en 2008, entregando el control de su firma -hoy un emporio global- a Alessandro Michele, el legado del diseñador siguió definiendo el rostro actual de la moda italiana.
El origen del ímpetu italiano en la alta costura se remonta a nombres como Emilio Schubert, Vincenzo Ferdinandi, Jole Veneziani y las hermanas Fontana, junto a casas como Giovannelli-Sciarra y la de Simonetta Colonna. Sin embargo, la irrupción de Valentino “rompió la barrera que separaba la moda francesa de la italiana y europea”, una transformación cuyas consecuencias se extendieron hasta los años posteriores con la irrupción del prêt-à-porter y los nuevos capítulos de la alta costura firmados por Gianni Versace y Armani.
Desde la perspectiva de la industria, Garavani representó “el último exponente de una gran tradición de couturiers italianos que, desde los años setenta, fue cediendo terreno ante los maestros del prêt-à-porter”. Su capacidad para habitar dos universos, “la alta costura por un lado y el ready-to-wear por otro”, lo convirtió en una figura “hierática y a la vez hiperpopular en la conciencia colectiva de los italianos”, según análisis recogidos en la prensa especializada.
Valentino resumió en vida sus talentos de manera pragmática: “sé hacer solo tres cosas en la vida: ropa, decorar casas y entretener a la gente”. Esta última habilidad consolidó su reputación tanto entre la élite neoyorquina de los años setenta como ante el gran público italiano con la cita anual de Donna Sotto le Stelle, el desfile estival celebrado en las escalinatas de Trinità de’ Monti. “Una imagen grabada en la memoria de al menos dos generaciones de italianos”, remarcaron periodistas especializados.
