¿Los Martín Fierro se convirtieron en un negocio de APTRA?

La Asociación de Periodistas de la Televisión y la Radiofonía Argentinas (APTRA) es una entidad profesional en Argentina que agrupa a trabajadores de prensa de radio y TV y que es famosa por entregar anualmente (antes, ahora es casi todos los meses) los ¿prestigiosos? Premios Martín Fierro, reconociendo lo mejor de la producción audiovisual y radial del país

Por SIN CODIGO

Durante décadas, recibir un Martín Fierro era un hito. Un reconocimiento esperado, escaso, valioso. Un premio que llegaba una sola vez al año para destacar lo mejor del espectáculo argentino en su conjunto. Hoy, la pregunta se impone sola: ¿sigue siendo así o los Martín Fierro se transformaron en una marca explotada hasta el agotamiento?

La ceremonia que supo ser única hoy parece no tener fin. El calendario del espectáculo argentino está plagado de estatuillas: Martín Fierro de la Televisión Abierta, de la Radio, del Cable, Digital, Federal, Latinoamericano, del Streaming, de la Danza, de Cine y Series. Y la lista sigue creciendo.

La consecuencia es inevitable: cuando todo es premio, nada es realmente excepcional.

El origen de un símbolo cultural

Los premios Martín Fierro nacieron en 1959, impulsados por APTRA, como un reconocimiento anual a lo más destacado del espectáculo nacional. El nombre, inspirado en la obra cumbre de José Hernández, buscaba jerarquizar la cultura popular argentina y darle identidad propia.

Durante muchos años, el Martín Fierro fue sinónimo de prestigio. Ganarlo significaba consagración; perderlo no quitaba mérito. La ceremonia era un evento esperado, concentrado, con impacto real en la industria y en la memoria colectiva.

Qué es APTRA y quién la conduce

APTRA es una entidad integrada por periodistas especializados en televisión y radio. Su función histórica fue evaluar, debatir y premiar la producción artística y periodística del país.

Actualmente, su presidente es Luis Ventura, una figura tan conocida como polémica del mundo del espectáculo. Bajo su conducción, los premios se multiplicaron de manera exponencial, extendiéndose a casi todas las plataformas, formatos y regiones posibles.

Y ahí surge la duda legítima.

¿Reconocimiento cultural o modelo de negocio?

Cada nueva entrega implica sponsors, transmisiones, alfombras rojas, pauta publicitaria y exposición mediática. Nada ilegal, nada oculto. Pero la reiteración constante del premio despierta sospechas: ¿se trata de ampliar el reconocimiento o de ampliar la caja? ¿se jerarquiza la cultura o se la licúa en una seguidilla interminable de galardones?

El Martín Fierro que se entregaba una vez al año hoy se reparte como si fuera una franquicia. La emoción se diluye, el mérito se relativiza y el prestigio se desgasta.

El riesgo de bastardeo

El mayor daño no es económico ni mediático, sino simbólico. Un premio pierde valor cuando deja de ser excepcional. Cuando todos ganan, cuando hay ceremonias cada pocos meses, cuando la estatuilla deja de representar un logro extraordinario para convertirse en un trámite más del calendario del espectáculo.

Así, el Martín Fierro corre el riesgo de ser bastardeado, no por quienes lo reciben, sino por quienes lo administran.

¿Hace falta empezar de nuevo?

Tal vez el problema no sea que existan nuevos formatos culturales, sino que todos quieran colgarse del mismo nombre. Quizás, en algún momento, la cultura argentina necesite inventar otro premio, uno que vuelva a jerarquizar, emocionar y distinguir de verdad. Un premio que no se mida por la cantidad de entregas, sino por el peso de su significado.

Porque los símbolos culturales, cuando se usan en exceso, dejan de brillar.

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