El analfabetismo vial que predomina en buena parte de la población y la falta de políticas sostenidas en la materia, forman el combo perfecto de muerte
Por SIN CODIGO
En Argentina, los accidentes de tránsito se han transformado en una tragedia diaria. Con un promedio de once muertes por día, la siniestralidad vial constituye una verdadera pandemia silenciosa que atraviesa a todo el país y que, sin embargo, aún no encuentra respuestas firmes desde el Estado ni la conciencia plena de los ciudadanos.
Los especialistas coinciden en señalar dos causas centrales: la falta de políticas sostenidas en materia de seguridad vial y el analfabetismo vial que predomina en buena parte de la población.
Por un lado, las políticas públicas resultan insuficientes: controles laxos, ausencia de fiscalización permanente, escasa inversión en infraestructura y señalización deficiente en rutas y ciudades. Sin un compromiso estatal fuerte, la prevención se diluye en medidas aisladas que no logran impacto real.
Por otro lado, los conductores argentinos exhiben un preocupante nivel de irresponsabilidad: exceso de velocidad, consumo de alcohol, uso del celular al volante y desconocimiento de normas básicas de tránsito. Estos comportamientos, sumados a la falta de educación vial desde la escuela, alimentan un cóctel explosivo.
La realidad es cruda: cada día, familias enteras quedan destruidas por hechos que no deberían ocurrir. Porque los mal llamados “accidentes” son, en verdad, hechos evitables.
Los especialistas insisten en que la seguridad vial debe convertirse en política de Estado, con campañas de concientización permanentes, incorporación real de la educación vial en las aulas, controles estrictos y sanciones efectivas.
Pero también es una tarea de cada ciudadano. Respetar las normas, manejar con prudencia y entender que al volante se lleva la vida propia y la de los demás son pasos esenciales para revertir esta pandemia silenciosa que, por ahora, parece no detenerse.