La opción médica gratuita para extranjeros encienden las alarmas de un sistema “cansado” y con pocos recursos humanos
Mientras el Sistema de Salud Pública de Tucumán atraviesa uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas -menos recursos de Nación, falta de médicos y sueldos del personal sanitario muy bajos-, el Gobierno provincial sigue sosteniendo un modelo de atención universal y gratuita para cualquier persona que venga de otras provincias y del extranjero que, aunque suene humanitario, se vuelve insostenible en términos reales. Una política sanitaria sin restricciones aparentes, abierta a cualquier persona que se presente en los hospitales de la provincia, vengan de donde vengan, ha convertido a Tucumán en un polo de atención para pacientes de otras provincias -como Santiago del Estero- e incluso del extranjero.
Desde el propio Ministerio de Salud provincial se intenta minimizar la situación, asegurando que los extranjeros atendidos son “pocos”. Pero los pasillos colapsados, los turnos imposibles de conseguir, los médicos exhaustos y las cifras de renuncias hablan por sí solos. Hay un goteo constante de profesionales que abandonan el sistema público por sueldos paupérrimos, condiciones laborales precarias y falta de reconocimiento. Tres o cuatro hospitales clave -como el Padilla, Centro de Salud, Maternidad y el de Niños- de la capital tucumana están saturados, funcionando al límite con recursos económicos acotados y un personal sanitario en crisis.
A diferencia de lo que ocurre en otras provincias del Norte argentino, como Salta, donde se decidió priorizar la atención a los propios salteños, en Tucumán aún no se discute seriamente la sostenibilidad de un sistema que se quiere mostrar como generoso, pero que es profundamente injusto con los que sostienen el día a día de la Salud Pública.
En Salta, tras años de recibir a cientos de pacientes extranjeros –principalmente bolivianos– que cruzaban la frontera para dar a luz, operarse o recibir tratamientos sin costo alguno, se tomó una medida polémica pero efectiva: cobrar la atención médica a los no residentes. ¿El resultado? En tan solo cinco meses de 2024, el Gobierno salteño recaudó más de 50 millones de pesos y logró una baja drástica de la demanda extranjera: 42% menos atenciones en Tartagal, 55% menos partos de extranjeras en la maternidad, 95% menos en Salvador Mazza y 90% en Orán. El famoso “tour de embarazo” fue cortado de cuajo.
El propio ministro de Salud de Salta advirtió a su par tucumano, Luis Medina Ruiz, sobre las consecuencias de mantener las puertas abiertas sin distinción. Incluso le habría enviado un video mostrando la saturación del sistema salteño antes de la implementación de las nuevas medidas. La respuesta fue el silencio.
Hoy, ese mismo escenario parece repetirse en Tucumán. Un video viralizado recientemente muestra a una pareja boliviana contando cómo, tras ser rechazada en Salta, la mujer embarazada con 40 semanas fue recibida sin preguntas en la Maternidad de Tucumán. Allí, según relatan, fueron atendidos gratuitamente y con rapidez. Mientras la historia circula con asombro en redes sociales, desde el Ministerio de Salud local se la exhibe con orgullo, como si fuera una medalla. Pero detrás de ese relato hay una realidad que no quieren ver: cada vez más extranjeros vendrán a Tucumán sabiendo que aquí, a diferencia de Salta, todo es gratuito y sin requisitos.
Y no, no se trata de xenofobia. Se trata de administración responsable, de priorizar a los propios, de entender que para dar, primero hay que tener. El dicho popular lo resume mejor que cualquier tecnicismo: “La caridad bien entendida empieza por casa”.
Tucumán no puede seguir actuando como si no pasara nada. No puede ignorar el éxodo de médicos, la sobrecarga de los hospitales, ni el agotamiento del personal sanitario. No puede seguir usando la salud como herramienta electoral, ni fingir que entregar equipamiento para la foto o montar tráilers sanitarios itinerantes es una política de fondo.
La situación es crítica y lo saben. Pero prefieren ocultarla bajo un falso manto de solidaridad. El tiempo dirá si siguen jugando a ser generosos con recursos que no tienen, o si, finalmente, toman la decisión de sincerar la crisis y empezar a reconstruir el sistema de salud desde adentro, pensando primero en los que viven, trabajan y tributan en Tucumán.
Porque si seguimos con esta lógica, la pregunta no será cuántos extranjeros vienen a atenderse en Tucumán, sino cuántos tucumanos van a tener que esperar o resignar atención por una política que, en su afán de mostrar humanidad, ha perdido el sentido común.