Historias que erizan la piel: la aterradora experiencia de jóvenes tucumanos en el Cementerio del Oeste

Los susurros que no pueden ser olvidados ¿Mito urbano o presencia sobrenatural?

Dicen que los cementerios guardan silencio, pero algunos aseguran que en el Cementerio del Oeste, de San Miguel de Tucumán, cuando cae la noche, ese silencio se rompe. Y no precisamente por los vivos.

Una noche de invierno, hace pocos años, un grupo de jóvenes decidió desafiar una vieja leyenda urbana: entrar al Cementerio pasada la medianoche. Querían grabar sonidos, ver si encontraban alguna presencia inexplicable y, en el fondo, comprobar que todo era un mito. Pero lo que vivieron esa noche los marcó para siempre.

A las 00:30, el primero en escucharlo fue Lucas, el más escéptico del grupo: un susurro gutural, como si alguien hablara desde una tumba abierta. Lo siguió una risa seca, demasiado cercana, aunque no había nadie alrededor. Intentaron convencerse de que era el viento… pero el viento no murmura nombres.

Mientras caminaban entre los pasillos de nichos antiguos, las luces de sus linternas comenzaron a titilar. Grababan con sus celulares, pero las imágenes se pixelaban sin explicación. En una de las tomas, captaron lo que parecía ser una silueta detrás de una cruz. Pero cuando giraron, no había nada.

“¿Quién está ahí?”, preguntó una de las chicas. La respuesta llegó desde atrás: un golpe seco en la reja, como si alguien la cerrara con fuerza. Salieron corriendo. Pero antes de alcanzar la salida, uno de ellos se detuvo, paralizado. Frente a él, una figura envuelta en un velo negro caminaba lentamente entre las tumbas. No tenía rostro.

Los chicos lograron salir ilesos, pero jamás volvieron a ser los mismos. Uno de ellos, tiempo después, confesó en una entrevista radial: “Hay algo en ese cementerio… algo que no quiere ser olvidado. Lo sentimos. Lo vimos. Lo escuchamos. Y aunque hoy ya no estamos seguros de lo que era… sabemos que no era humano.”

Algunos vecinos de la zona aseguran oír lamentos en la madrugada. Otros dicen que han visto luces encenderse solas entre los mausoleos. Incluso, los serenos del cementerio admiten que evitan ciertos sectores del predio cuando cae la noche. Y también, evitan hablar del tema.

¿Mito urbano o presencia sobrenatural? Nadie lo sabe. Lo que es seguro, es que en Tucumán, hay un cementerio donde el silencio susurra.

COMPARTIR NOTICIAS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *