Se rinde homenaje a los soldados que lucharon y murieron en el conflicto bélico de 1982, reafirmando la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas
Por SIN CODIGO
Cada 2 de abril, Argentina conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, una fecha que no solo invita al recuerdo, sino también a la reflexión profunda sobre una de las páginas más dolorosas de la historia reciente del país.
Las Islas Malvinas, junto con las Georgias del Sur y Sandwich del Sur, forman parte del territorio argentino desde la época colonial. Sin embargo, en 1833 fueron ocupadas por el Reino Unido, en un acto de usurpación que la Argentina nunca dejó de reclamar por la vía diplomática.
Casi 150 años después, en 1982, en medio de una de las etapas más oscuras del país, la dictadura militar, encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri, tomó la decisión de recuperar las islas por la fuerza. El 2 de abril de ese año, tropas argentinas desembarcaron en Malvinas en lo que inicialmente fue presentado como una “gesta patriótica”.
Pero detrás del fervor nacionalista había improvisación, falta de estrategia y un profundo desconocimiento del escenario internacional. La Junta Militar subestimó la reacción del Reino Unido, que respondió con todo su poderío militar, a pesar de la distancia.
La guerra duró 74 días, desde el 2 de abril hasta el 14 de junio de 1982. El saldo fue trágico: 649 soldados argentinos muertos, la mayoría de ellos jóvenes de apenas 18 o 19 años, con escasa preparación y enviados a combatir en condiciones extremas. Del lado británico, murieron 255 militares.
El conflicto también dejó en evidencia la soledad internacional de la Argentina. Estados Unidos respaldó al Reino Unido, y varios países europeos hicieron lo propio. En la región, el apoyo fue escaso: Chile, bajo la dictadura de Pinochet, colaboró indirectamente con los británicos. Perú fue uno de los pocos países que expresó un apoyo concreto a la Argentina.
Quedó en la memoria colectiva aquella frase pronunciada por Galtieri desde el balcón de la Casa Rosada ante una Plaza de Mayo colmada: “Si quieren venir, que vengan; les presentaremos batalla”. La historia demostraría el costo devastador de esa decisión.
La derrota marcó el principio del fin de la dictadura. El descrédito del régimen militar aceleró la transición democrática, que se concretaría en 1983 con el regreso del voto popular.
A más de cuatro décadas de la guerra, la Argentina mantiene firme su reclamo de soberanía sobre las islas en foros internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, donde año tras año se insta al Reino Unido a retomar el diálogo bilateral, algo que Londres rechaza sistemáticamente.
Pero más allá de la disputa territorial, el 2 de abril es, sobre todo, un día para honrar a quienes combatieron. Muchos excombatientes volvieron con heridas físicas, pero también con profundas secuelas psicológicas. Durante años, fueron olvidados por el Estado y por gran parte de la sociedad.
Hoy, el reconocimiento crece, pero aún queda una deuda pendiente: acompañar, escuchar y valorar en vida a quienes arriesgaron todo.
Malvinas no es solo una causa nacional: es una herida abierta, una lección histórica y un compromiso con la memoria. Recordar no es solo mirar al pasado, sino también aprender de los errores para no repetirlos nunca más.
LAS MALVINAS FUERON, SON Y SERÁN ARGENTINAS
