Este martes, el Tribunal dictará sentencia. Según el representante del Ministerio Público, Paulina fue estrangulada en el departamento del principal sospechoso tras una discusión motivada, aparentemente, por celos
Después de veinte años de una instrucción accidentada y plagada de sospechas, el Fiscal Carlos Sale solicitó en un duro alegato la pena de prisión perpetua para César Soto, ex pareja de Paulina Lebbos. El representante del Ministerio Público sostuvo la hipótesis de que el acusado la mató por estrangulamiento manual, en la madrugada del 26 de febrero de 2006. Sin embargo, la última palabra la tendrá el Tribunal, que en su sentencia de este martes 28 de abril podría convalidar el pedido de la Fiscalía o dictar la absolución si considera que las pruebas no alcanzan para quebrar el estado de inocencia.

La presentación ante los jueces Fabián Fradejas, Gustavo Romagnoli y Luis Morales Lezica se centró en la naturaleza violenta del imputado. El Fiscal reconstruyó un escenario donde Soto, valiéndose de una supuesta superioridad física y un historial de agresividad documentado por las hermanas de Paulina, habría atacado a la joven en su domicilio de calle Estados Unidos al 1200. Según Sale, la noche de la desaparición, la víctima (que venía de un boliche de la zona de El Abasto) y el acusado (que salía de su trabajo en el casino) convergieron en ese departamento, donde se produjo el desenlace fatal.
Al mismo tiempo, la jornada marcó un giro que redefine el mapa de responsabilidades del debate: el Fiscal decidió desistir de la acusación contra Sergio Kaleñuk. Argumentando “orfandad probatoria”, Sale admitió que no existen elementos suficientes para vincular al hijo del fallecido ex secretario privado, del entonces gobernador José Alperovich, con el homicidio o el posterior descarte del cuerpo.

Esta decisión técnica de la Fiscalía deja a Soto como el único blanco de la pretensión punitiva estatal en este Juicio. El relato de Sale buscó dar sentido a dos décadas de impunidad institucional (el caso ya suma nueve condenas firmes por encubrimiento), apostando todo a la figura del homicidio vinculado agravado por alevosía y dejando atrás las hipótesis que involucraban a los llamados “hijos del poder” por falta de sustento técnico en esta instancia.
Con el pedido de pena máxima sobre la mesa, la causa entra en su etapa de mayor suspenso. La defensa de Soto tendrá ahora su turno para subrayar las dudas que han persistido durante veinte años, buscando la absolución.
Los jueces deberán deliberar si la cadena de indicios y el perfil trazado por los testigos alcanzan para sellar una condena de por vida, o si el caso Lebbos sumará, a más de dos décadas del crimen, un nuevo capítulo de incertidumbre judicial.
