Tucumán 2027: la carrera ya empezó y la política entra en zona de turbulencia

El escenario es difuso y la temperatura política sigue en aumento. Las campañas prematuras suelen tener un efecto: tensar el clima y agotar energías demasiado pronto

Por SIN CODIGO

Aunque parezca lejano, el calendario político ya empezó a correr. Las elecciones nacionales de 2027, donde se elegirá presidente, gobernadores, intendentes y se renovarán parcialmente las cámaras legislativas, comienzan a proyectar su sombra sobre la política argentina. Y en Tucumán, esa sombra ya se transformó en campaña.

Si se mantiene la tradición política local, el oficialismo provincial probablemente desdoble los comicios y los tucumanos voten gobernador, intendentes y legisladores provinciales entre mayo y junio de 2027. Es decir, faltan apenas entre 14 y 15 meses para que la provincia renueve su poder político. Puede parecer mucho tiempo, pero en términos electorales es prácticamente mañana.

Por eso no sorprende que los tiempos se hayan acelerado. Lo que sí sorprende es quién está marcando el ritmo.

Durante décadas, el peronismo gobernante fue quien manejó los tiempos de la política tucumana. Hoy esa lógica parece haber cambiado. El surgimiento de La Libertad Avanza, el espacio del presidente Javier Milei, alteró un tablero que parecía inamovible.

Un partido que prácticamente no tenía estructura en 2023 logró organizarse en tiempo récord, y en las elecciones de 2025 envió una señal clara: los libertarios ya son una opción de poder en varios feudos del interior. Tucumán no es la excepción.

Los más de 300 mil votos obtenidos en la última elección provincial consolidaron a La Libertad Avanza como la principal fuerza opositora. Ese resultado no sólo fortaleció su posición política sino que también aceleró los movimientos internos. Dirigentes libertarios comenzaron a recorrer la provincia mucho antes de lo que suele ser habitual.

El espacio tiene nombres propios que ya se proyectan en el escenario provincial: Lisandro Catalán -que ejerce la presidencia-, los diputados nacionales Federico Pelli, Soledad Molinuevo y Gerardo Huesen, junto a la dirigente Paula Omodeo, referente del partido CREO y ex diputada nacional.

Al no estar en la gestión provincial, los libertarios tienen una ventaja política: tiempo. Tiempo para recorrer la provincia, reunirse con ciudadanos y señalar, permanentemente, lo que consideran errores del oficialismo.

Esa estrategia parece haber tomado por sorpresa al Gobierno provincial encabezado por Osvaldo Jaldo. Desde el verano, el oficialismo recibe golpes políticos de la oposición libertaria que, por momentos, lo dejan descolocado en la respuesta.

El viejo refrán político dice que “el que pega primero pega dos veces”. Y en Tucumán, la sensación es que el primer golpe lo está dando la oposición.

Sin embargo, la semana pasada ocurrió un hecho que podría marcar un punto de inflexión en la campaña hacia el sillón de Lucas Córdoba.

El diputado nacional, Federico Pelli, fue víctima de una violenta agresión física en la localidad de Lamadrid cuando se acercó a llevar donaciones y dialogar con familias damnificadas por las inundaciones. Allí, fue interceptado por un militante identificado como Marcelo “Pichón” Segura, quien no sólo intentó impedirle el paso sino que terminó agrediéndolo con un cabezazo que le provocó la fractura de la nariz y obligó a una intervención quirúrgica de urgencia.

Las imágenes del episodio circularon rápidamente por redes sociales y medios de comunicación, generando un fuerte impacto político. Más allá de la condena institucional, que desde el oficialismo fue considerada por algunos sectores como tibia, el episodio abrió un debate mucho más profundo: el clima político en la provincia.

La violencia en política siempre deja heridas más profundas que las físicas. Porque cuando el adversario pasa a ser enemigo, la democracia comienza a resquebrajarse.

En las democracias consolidadas, la alternancia en el poder es una regla saludable. Gobiernos de distinto signo político se suceden, se corrigen y se controlan mutuamente. Ocurre en Europa, en Estados Unidos y en gran parte de América Latina.

Argentina, en cambio, tiene una dinámica diferente. Desde 1983, el peronismo ha sido la fuerza dominante en la política nacional y provincial, con breves interrupciones. Tucumán es quizás uno de los ejemplos más claros: el justicialismo gobierna la provincia desde hace casi cuatro décadas.

Ese predominio prolongado genera un fenómeno conocido en la ciencia política: la confusión entre partido y Estado. Cuando una fuerza gobierna durante tanto tiempo tiende a considerar el territorio, las instituciones y hasta el electorado como parte de su patrimonio político.

Las consecuencias son conocidas: estructuras estatales colonizadas, legislaturas dóciles, dependencia del empleo público, redes de asistencia social y un sistema político que termina girando siempre sobre los mismos nombres.

Pero también es cierto que ningún sistema de poder se sostiene únicamente por quienes gobiernan. También necesita del consentimiento —explícito o tácito— de quienes votan.

En política, como dice el dicho popular, “la culpa no es del chancho sino de quien le da de comer”.

Sin embargo, algo parece estar cambiando. La irrupción de las redes sociales, la circulación permanente de información y la nueva cultura digital redujeron los márgenes de control político que antes tenían los aparatos tradicionales.

En la era de la inteligencia artificial, la comunicación instantánea y la exposición permanente, ya no resulta tan sencillo sostener los viejos mecanismos de poder.

El clima político tucumano se encuentra hoy enrarecido. Y no precisamente por las lluvias.

Por primera vez en muchos años, el oficialismo aparece incómodo. No sólo por la presión de la oposición libertaria, sino también por tensiones internas dentro del propio peronismo. Algunos dirigentes incluso comienzan a deslizar en voz baja una idea impensada hasta hace poco: que una derrota electoral podría servir como punto de partida para una renovación dirigencial.

En LLA Tucumán no todo es color de rosa

Mientras tanto, La Libertad Avanza camina con confianza, aunque tampoco está exenta de tensiones internas. La figura de Federico Pelli emerge fortalecida tras el episodio de Lamadrid y su crecimiento político abre interrogantes sobre el rol que podría jugar en la contienda de 2027.

A eso se suma la figura del diputado nacional Mariano Campero, cercano al universo libertario pero con identidad propia, lo que genera incomodidades dentro del armado provincial del espacio.

Como suele ocurrir en política, los aliados de hoy pueden ser los competidores de mañana.

Por ahora, el escenario es difuso y la temperatura política sigue en aumento. Las campañas prematuras suelen tener un efecto: tensar el clima y agotar energías demasiado pronto.

Porque, en definitiva, el camino hacia 2027 no será una carrera de velocidad.

Será una maratón. Y en las maratones no gana el que arranca más rápido, sino el que sabe administrar mejor sus fuerzas para llegar al final.

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